|DICCIONARIOS GRIEGOS|

Giovanni CRASTONE (ca. 1420–ca. 1500)

Dictionarium graecum innumeris locis auctum, ac locupletatum
París: Pierre Vidoue, 1521

BG/33632

 

No sabemos demasiado de Giovanni Crastone (Castel San Giovanni, ca. 1420–ca. 1500), monje carmelita. Adquirió un extraordinario conocimiento del griego y colaboró a finales del siglo XV en la floreciente actividad tipográfica griega que tenía lugar en Milán: tradujo la gramática griega de Láscaris, revisó el texto del Psalterio y lo vertió al latín, entrando de lleno en la debatida cuestión –fundamental para el humanismo– del estudio y traducción de los textos sagrados; fue autor asimismo de un glosario latino-griego (Vocabulista latinograecus).

Su gran obra, Lexicon graecolatinum, el primer diccionario grecolatino impreso (Milán, 1476), constaba de unas 18.000 entradas y se concibió como instrumento para los estudiantes que practicaban ejercicios de composición en griego. No era una obra original sino una reelaboración de glosarios anteriores, basándose especialmente en un glosario greco-latino compuesto en el siglo XV que tuvo gran difusión manuscrita entre los humanistas. Según el prefacio del impresor de la primera edición, Bonaccorso Pisano, el papel de Crastone no fue el de creador, sino el de editor: revisó un trabajo que Láscaris y otros habían emprendido e introdujo en él mejoras: puso más cuidado en la ordenación alfabética de las palabras; añadió el genitivo de los nombres, que probablemente antes solo figuraban en nominativo; incorporó el artículo correspondiente a cada sustantivo para indicar el género; consignó las formas de futuro y perfecto de los verbos y, en algunos casos, su construcción. En suma, aportó y sistematizó muchos recursos que hoy nos resultan familiares en los diccionarios modernos.  

El Lexicon fue reeditado varias veces, una de ellas por Aldo Manuzio (1497), y progresivamente se le fue agregando material nuevo.

Esta edición, la primera realizada en Francia, también incorporó nuevas entradas: después del colofón que cierra el libro (cf. imagen), el impresor Pierre Vidoue advierte al lector que el glosario había sido compilado primero por Crastone, pero que otros eruditos han incluido sus aportaciones, de manera que no es posible ya considerarlo obra de un solo autor. Esto explica el hecho de que en la portada no aparezca el nombre de Crastone, algo que sucedió también en otras ediciones de la obra.

Tuvo una gran fama entre sus contemporáneos, aunque fue superado enseguida. Henri Estienne le achaca varios defectos: la excesiva brevedad de las glosas de las palabras griegas, en las que a veces se deslizan palabras en italiano, la ausencia de información sobre la construcción de los verbos y sobre los autores de los que derivan los significados.

 


Bibl.: Botley 2010; Considine 2008; Gualdo Rosa 1984; Rollo 2017.