|DICCIONARIOS LATINOS|

Alfonso de PALENCIA (1423-1492)

Universal vocabulario en latin y en romance
Sevilla: Compañeros alemanes (Paulus de Colonia, Johann Pegnitzer, Magnus Herbst & Thomas Glockner), 1490

BG/I. 233

 

Alfonso de Palencia pasó una larga estancia de formación en Italia, donde tuvo contacto con grandes figuras culturales del Renacimiento, como el cardenal Bessarion, Donato Acciaiuoli (traductor de Plutarco) o Georgius Trapezuntius, en cuyo entorno asistió a las discusiones sobre las filosofías platónica y aristotélica. De vuelta a España, en 1456, fue nombrado cronista real y secretario de cartas latinas, oficios que le permitieron estar cerca o ser protagonista de muchos de los acontecimientos de la época y, por tanto, tener datos de primera mano que le sirvieron en la composición de las obras por las que es más conocido, las que versan sobre la historia de España. Es autor también de otras de carácter más literario y traductor de autores como Plutarco o el judío Flavio Josefo.

Sin embargo, su presencia en esta exposición se debe a su Universal Vocabulario en latín y en romance. Unos años antes, hacia 1472, el autor había elaborado otra obra de carácter lingüístico, De Sinonymis elegantibus libri III, que sería publicada en Sevilla en 1491.

Como el mismo Palencia nos dice en el «argumento de la obra emprendida», al comienzo de su Vocabulario, esta obra nace como un encargo de la reina Isabel, dada la «gran dificultad que incurren los de España medianamente principiados en la latinidad» y está dedicada principalmente al clero, dedicado al culto divino y que difícilmente puede «escudriñar las elegancias y propiedades de los vocablos latinos, si no se interpretan [traducen] según la lengua materna». Esta utilidad es la que anima a Palencia, «ya venido en vejez» a compilar este magno diccionario bilingüe, conformado por unas 14.000 entradas. En la columna de la izquierda se ofrece la voz latina y su definición también en latín; en la de la derecha, la voz latina con su significado en español. La presencia de numerosos nombres propios, tanto de personas como de lugares, las explicaciones gramaticales, literarias, mitológicas, históricas, le confieren también un carácter enciclopédico.

Entre sus fuentes está uno de los diccionarios más difundidos en la Edad Media, obra de un gramático del siglo XI, Papias, Elementarium doctrinae rudimentum (siglo XI; BG/ Ms. 2357). Sin embargo, Palencia se pudo aprovechar también de la recuperación en su época de la obra de Nonio Marcelo De compendiosa doctrina, un diccionario que ofrecía, junto a la voz latina correspondiente, ejemplos de su uso, es decir, “autoridades”, a través de citas de autores latinos clásicos (para algunos de estos autores, Nonio es el único que tenemos de obras hoy perdidas). Frente a los repertorios lexicográficos medievales, que apenas hacían citas de autores clásicos o que las tomaban indirectamente de enciclopedias o de otros diccionarios, el de Marcelo permitía un acceso más directo a las fuentes, algo que estaba en consonancia con los presupuestos del Humanismo y su deseo de recuperar los autores de la Antigüedad, presupuestos que Palencia compartía.

Este diccionario, el más antiguo latín-español, a pesar de ser considerado como el precursor de la lexicografía moderna, iniciada por Antonio de Nebrija, quizá precisamente por la cercanía cronológica con la obra de este último, quedó un tanto ocultado en los siglos posteriores.

 


Bibl.: Durán Barceló, 2012; Jacinto García, 2012; Real Torres, 2003; Real Torres, 2012.